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Ceferino Ortiz --que así es su nombre--, tras muchos años en un encierro que construyó con humo --las vigas de sus muros guardan el aroma--, anuncia a regañadientes, tras largas horas de arrancarle con calzador palabras de compromiso, la aparición de su primera novela (tardía) bajo el título que encabeza esta nota.
"Venir a descubrir nuevamente el agua tibia -explica Ceferino, en uno de esos escuálidos momentos en los que se comunica con el habla--: son los lazos sanguíneos los verdaderos lazos, los que te amarran y te venden".
Luego declama un verso que habría que investigar si no le pertenece:
Una familia normalita:
el padre y sus secretos para la tumba
la madre con un zumbido de amor entre las manos
y sus yemas de-batir ardiendo
ciegas
más Abel y Caín
y los pequeños pertenecientes al mundo
Las vigas de humo empezó a emerger lentamente del inconsciente de Ceferino la noche del 10 de enero de 1989, hace ya veinte años, al tiempo en que las botas de los soldados hacían coro en la refinería de Ciudad Madero, en los alrededores de la Casa de La Quina. A esa misma hora, un hombre abandonado, partido por la traición de su mujer y varios de sus amigos (vendidos al nuevo gobierno de Carlos Salinas, tras lustros de militar en las fuerzas opositoras), contempla a sus pies su propio cuerpo convertido en charco, y las astillas del nuevo mundo desperdigadas ahí mismo. Lo que se dice en el lenguaje de la cantina mamar pinga.
Comienza así en su vida, la vida de Oliverio Méndez --destacado personaje del drama de Ceferino--, el modo de reptar de aquel que fue abatido por el fuego amigo. Siguen las conocidas noches de los temblores esquizos en los que, claramente, Oliverio experimenta, sufre, la desintegración de sus partes. Lo dicho: el charco de sí mismo a sus pies tendido.
Morir en vida sin lograr descubrir que tu muerte fue planeada por otro es la más dura de las muertes. Y Oliverio no puede saber lo que, en cambio, Ceferino, el de la pluma, ya conoce desde el futuro y describe como un maestro:
Profundo Coll es la sombra de la víctima. Recuerda con sus modales a los fascistas musilianos en las tribulaciones del estudiante. Repleto de obsesiones anales, busca la quebrazón de los otros como vía para cargar energías y presentarse caudillo salvador de una sociedad podrida. Protector, al fin, celoso de un orden, en la certeza de que todos los demás han sido aniquilados, logra encontrar ahí las fuerzas para su amor a la vida. Extraño amor no exento de iluminaciones y gestos cándidos, seductores de verdad y en serio.
Aparecen sombras por todos lados. Si algo sabe narrar la pluma de Ceferino son los recovecos del alma que conducen a la traición y luego al destierro. La intolerable unión de los despojos, para expresarlo con las palabras del poeta chileno Humberto Díaz Casanueva, o, a la manera de Paco Urondo:
"¿Quién no tiene cosas horribles que contar? ¿Quién no tiene su historia? Pero nadie supo qué decir, nadie supo qué hacer, cuando alguien contó la historia."
Nada podría entenderse en Las vigas de humo si no se ubica en la obstinación militante de Oliverio, la fuerza gris que desde su charco reconquista dolorosamente junto a Victoria, su compañera --la descocida para un roto--, y la hija de ambos que es el producto exacto de todos esos años de la reconstrucción árdua desde cero. Será su hija la Candela de la parte final de la novela, pues, anuncia Ceferino, el de la pluma, se trata en realidad de una trilogía:
1.- El período Rojo
2.- La salvación fallida
3.- La invención de la música
Esperemos que Ceferino Ortiz, esa gloria de las letras actuales en México --enterrada hace 20 años--, logre dar con el editor y su obra muy pronto nos resulte accesible en librerías. Dejamos aquí breves pasajes de ella, tomados a vuelapluma durante un breve descuido del escritor, y a sabiendas de que él sabrá perdonar nuestra osadía.
(fragmento)
la bipolaridad desatada de los días
su campanilla sonora de los rezos
acalambra tus pantorrillas.
mariquita es la voz que se atraganta
la voz que se agarganta
especie de fidel sin el estado
prohibida por los dueños de abarrotería,
esquina con santa maría.
dedicados al negocio del tráfico humano
con la cruda de la huelga general
y un voto de la madre encima
la imagen derrotada
de aquel que llora palanganas en resbaladilla
en el piso de hasta abajo de la última escala.
el estado es el amachinamiento del closet
espacio para verduleras de uñas rotas
y en lo de los niños, el poeta hans magnus enseña cómo fue que arrinconó al diablo de los números en sus pesadillas (cap 1),
de la virtud de no correr a contárselo todo a la madre (cap 2),
ausencia de ceros en Roma por la igorancia de pegar el salto y quedarse mayate vivo (cap 3)
más cosas parecidas de carnales
con yemas para el tacto.
mariquita pues convida al diablo
en una ténue temperatura aromática
donde grillos relinchan sus ondas eléctricas.
santo abril de la jacaranda
mariquita desgargantada
sale del estómago.
secretos machines se llevan a la tumba
y de la caballería se salta a la finanza
sin tránsito
¿cómo pudo suceder?
díganme: ¿qué fue lo que ocurrió
en ese nuevo cuento de fámily?
ceferino ortiz
6 de abril de 2009
envio Mario Rivera Guzmán
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